Lo más difícil de la película es darte cuenta de que el sindicato, que se supone que era el escudo de los trabajadores, terminó siendo el primer muro con el que chocaron las mujeres. Es un antecedente bien real de cómo las estructuras de poder, por más que se digan "de izquierda" o "defensoras del pueblo", pueden llegar a ser súper machistas y cerradas cuando una minoría predomina.xAl principio de la historia, los líderes sindicales masculinos ven la queja de las costureras como si fuera un berrinche o un asunto secundario. Existe esta idea súper arraigada de que el "verdadero" trabajo, el que mantiene a las familias y el que merece salarios dignos, es el que hacen los hombres soldando el metal bajo el coche. A ellas las ven casi casi como si coser los asientos fuera un pasatiempo de mujeres que solo buscan un dinero extra para el mercado. Por eso, cuando el sindicato les da la espalda y prefiere negociar con la empresa para proteger los privilegios de los obreros varones, la película te da la realidad de nuestra sociedad, te demuestra que la solidaridad de clase muchas veces topaba con pared si eras mujer.
Lo valioso de cómo está contada la película es que no te pinta a los líderes sindicales como monstruos de película de terror, sino como señores burócratas, cómodos en sus oficinas y aterrados de perder el control. Obliga a reflexionar en que la lucha laboral no es plana. Las protagonistas de Dagenham tuvieron que tener un doble turno de resistencia, veo por un lado, pararse frente a los grandes empresarios de Ford que venían desde Estados Unidos con todo el dinero del mundo, y por el otro, convencer a sus propios compañeros y representantes de que sus derechos valían exactamente lo mismo. Al final, te deja pensando en que un movimiento social que no incluye la perspectiva de género y que no es capaz de ver sus propios sesgos, está incompleto y termina jugando a favor del mismo sistema que dice combatir.
