El metraje es ciertamente esclarecedor, abarca de una manera tan real la precarización del obrero minero de esa época, a su vez, esta dinámica se muestra junta con la discriminación, machismo y clasismo a los que mujeres y hombres sufren.
Desde la perspectiva del gerente, que ve a los mineros como niños a los que debe condicionar, si condicionar en el sentido clásico, donde se controla la conducta animal, a través, de premios y castigos. La perspectiva del obrero anglo, que gana más dinero y tiene acceso a agua caliente por tubería, que si bien el trabajo es riesgoso se contenta con tener más que el mexicanoamericano. La perspectiva del obrero mexicanoamericano, que tiene que soportar la discriminación del empresario, de las instituciones del estado, como la policía, y la traición de compatriotas, que por obtener una pequeña mejora en su salario terminan convirtiéndose en esquiroles. La perspectiva de la mujer abnegada, que a causa de la crisis tiene que volverse activa en la vida política de su comunidad, que sufre el doble castigo del machismo y el clasismo del sistema, y que cuando toma decisiones se realza y refine como mujer, madre y esposa. Y por último la perspectiva de las mujeres y sindicatos del exterior, que conmovidos por la pugna deciden apoyar con dinero y su participación, en el caso de las mujeres, en la huelga.
Este metraje es sin lugar a dudas una gran representación de la sociedad del momento, de sus luchas, de sus contradicciones y el cómo la esperanza es lo único que no podemos permitirnos perder, sin más lo único que puedo recordar son las ultimas oraciones del Manifiesto del Partido Comunista:
¡Que las clases directoras tiemblen ante la idea de una revolución comunista! Los proletarios no pueden perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo por ganar.
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS!
